"Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría". Mario Vargas Llosa.

 

Por Duver Alexánder Pérez

 

De Albert Camus a Edgar Allan Poe, de Poe a Alberto Aguirre, de Aguirre a Gonzalo Arango, del nadaísta a Estanislao Zuleta, del filósofo al brujo de Otraparte; de un cuento a un ensayo, del ensayo a la crónica, de la crónica a la novela y de la novela a la columna de opinión. En ese viaje ha sumergido, durante una década, el programa Palabras Rodantes a una cantidad innumerable de lectores.

 

En un país donde el costo de un libro sobrepasa por diez el de una caja de cigarrillos, una cerveza o cualquier juego de azar, es casi milagroso que 76 autores hayan acompañado, de forma gratuita y de estación en estación, a los miles de viajeros que cada día utilizan el Metro de Medellín.

 

Gracias a Palabras Rodantes muchos leímos un libro por primera vez y la lectura se nos volvió un hábito que va más allá del trayecto que puede durar un recorrido cotidiano. Autores como Luis Tejada, Manuel Mejía Vallejo y Gustave Flaubert, han introducido a los viajeros en el universo de las letras para que sigan resonando en su cabeza y se queden allí como un soliloquio. Palabras que son como un hacha que rompe el mar helado que hay dentro de nosotros, como dijo Kafka, quien también ha hecho parte de esta ruta.

 

El escritor George Martin comentó que un lector vive mil vidas antes de morir y aquel que nunca lee vive solo una. Es por ello que con Palabras Rodantes -a excepción de la hora pico cuando los usuarios del sistema dejamos de ser personas y nos convertimos en sardinas enlatadas - he sido Meursault, Madame Colet, Macbeth, Cochise, Salomé y Plutón; incluso sentí la devoción que debió experimentar el maestro Juan José Hoyos cuando transcribía la oración del escritor inglés Malcolm Lowry en Dios y los Escritores:

 

“Por favor -creo que necesitas escritores- , deja que verdaderamente te sirva como tal”.


Y si Dios necesita escritores, para el mundo es menester la existencia de más lectores. Entonces Palabras Rodantes ajustó 3.650 días sirviéndole a Dios y a la humanidad.

 

 

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