“Medellín, memorias de una guerra urbana”, es una extensa investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica y la Corporación Región que indaga por los actores y las formas de violencia de esta ciudad colombiana durante las últimas tres décadas.

Por Rafael Alonso Mayo

“Medellín despertó como Beirut”, fue el titular de primera página del diario El Colombiano la mañana del jueves 14 de enero de 1988, un día después del estallido de un carro bomba en un exclusivo sector del barrio El Poblado. Noticias como esta eran comunes en la prensa local por aquellos años cuando esta urbe, de poco más de un millón y medio de habitantes, fue catalogada como una de las ciudades más violentas del mundo.

Solo en 1991, cuando el Cartel de Medellín —liderado por Pablo Escobar— sostenía una guerra descomunal en contra del Estado colombiano, fueron asesinadas allí 6.810 personas. Por aquella época nunca podías estar seguro en un sitio público porque sabías que en cualquier momento podía explotar una bomba y hacerte trizas. Fue también la época en que decenas de líderes sociales y defensores de derechos humanos fueron asesinados: Héctor Abad Gómez, Luis Felipe Vélez, Leonardo Betancur…

Pero los narcotraficantes no fueron los únicos responsables de que la ciudad se desangrara. A la guerra urbana se fueron sumando guerrillas, paramilitares y agentes del Estado, organizaciones que fueron tomando protagonismo en distintos momentos y que llevaron a que la segunda ciudad más importante de Colombia liderara el ranking de los sitios más peligrosos para vivir.

El Centro Nacional de Memoria Histórica señala que entre 1980 y el 2014 al menos 132.529 personas fueron víctimas del conflicto armado en Medellín. El desplazamiento forzado, destaca, fue la principal modalidad de victimización, con 106.916 personas afectadas.

Durante estos años 2.784 personas fueron objeto de desaparición forzada, se produjeron 221 masacres que dejaron 1.175 víctimas, se registraron 80 atentados terroristas y más de 19 mil personas murieron violentamente bajo la modalidad que los expertos llaman “asesinatos selectivos”.

Estas cifras hacen parte del informe “Medellín, memorias de una guerra urbana”, presentado a mediados de septiembre por el CNMH y la Corporación Región. La publicación de 516 páginas hace un rastreo extensivo por los actores y las formas de violencia que vivió la ciudad durante esta época, una violencia múltiple y cambiante que enfrentó a distintos grupos armados entre sí y con la población civil.

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El informe narra “desde la publicitada guerra de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín contra el Estado, a finales de los años ochenta, hasta la confrontación de milicias, combos, bloques paramilitares de comienzos del presente siglo”

Sin embargo, la investigación también destaca la respuesta a esa violencia por parte de distintos sectores sociales, que desplegaron diversas acciones para sobreponerse y resistir a sus devastadores impactos. “Medellín resistió a la violencia gracias a la capacidad de movilización, acción y creatividad de diversos sectores de la sociedad (…), acciones que explican, en últimas, por qué la ciudad no sucumbió a pesar de la crisis”, destaca el informe.

Para el Centro Nacional de Memoria Histórica este minucioso trabajo ayudará a entender por qué el conflicto armado alcanzó la magnitud y permanencia en una ciudad como Medellín. Pero además, busca ofrecer pistas sobre la construcción de paz y el sentido del posconflicto en contextos urbanos en un momento tan coyuntural para la historia del país.

Aquí puedes consultar el informe completo