La periodista mexicana, ganadora del Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, conversó con Revista Sole sobre su trabajo y el de su equipo para darle voz a las víctimas y reivindicar sus derechos.

Por Rafael Alonso Mayo /Foto FNPI

 

Marcela Turati camina por el hall del Centro de Convenciones de Medellín, da una vuelta y regresa al punto de origen, saluda rápidamente a algún visitante apresurado que se dirige a la conferencia de la mañana del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo y camina otro poco. La ansiedad parece ganarle la partida a esta periodista que ha enfrentado con coraje su compromiso como reportera para cubrir el horror de la guerra que libra el Estado mexicano con los narcotraficantes.

Son las 10:45 de la mañana del miércoles 1 de octubre y en la noche recibirá el Reconocimiento a la Excelencia Periodística que el jurado del premio que lleva el nombre del Nobel colombiano le acaba de otorgar, junto al maestro Javier Darío Restrepo. Pero antes debe conversar con Javier Darío y con la periodista chilena Mónica González sobre ética periodística, en medio de un auditorio repleto de personas que ansían escucharla. Más adelante, en la conferencia, Mónica le pedirá a Marcela que le cuente al auditorio alguna infidencia en la que haya sobrepasado la ética en su quehacer periodístico y la pondrá en aprietos. Pero eso será más adelante porque antes de ello se sentará a un lado de la cafetería del hall y conversará con el periodista sobre su oficio y sobre el reto de hacer periodismo en un país donde a pocos parece interesarles que se hable de violencia, de víctimas, de narcotráfico.

¿Cómo es el tipo de periodismo que se está haciendo actualmente en México, a propósito de la guerra que está librando el Gobierno contra el narcotráfico?

Yo creo que no es muy distinto a como se hace acá en Colombia. Entre México y Colombia se comparten las amenazas de gente armada y también de políticos a los que les interesa que no salga información. Hay zonas completamente controladas por el crimen organizado donde no se permite publicar nada. Hay otras zonas donde los periodistas son muy valientes y siguen adelante con estrategias, de pronto sacando alguna información o dejando enfriar las cosas. Hay periodistas que no pueden publicar nada pero pasan la información a otros periodistas para que la publiquen. También siento que lo que está pasando en México es una estrategia para silenciar las noticias y que se deje de hablar de la violencia.

¿Es una estrategia del Gobierno querer silenciar el tema de la violencia?

Con el cambio de sexenio se dejó de hablar de las víctimas.  Se cortó el espacio y en algunas zonas ya no se publica sobre violencia. Ahí hay algo perverso. Nos han dicho que hay contratos publicitarios entre periodistas de medios de comunicación y gobernantes pero no tengo pruebas.

¿Puede hacerse un paralelo entre el grave conflicto que vivió Colombia con el narcotráfico, en los años 80s y 90s con la guerra desatada por Pablo Escobar y el Cartel de Medellín, y la realidad actual de México?

En algunas cosas sí, pero yo no sé por qué ustedes se la pasan diciendo que en los años 80 y 90, si yo fui a Arauca la semana pasada y allá están viviendo todavía una época violenta. Me llama la atención que no se quiere reconocer que en algunas zonas siguen bajo control de grupos que secuestran la información y no se puede hacer periodismo. Hay zonas muy golpeadas donde aprendieron que no todo se puede publicar. Ahí hay que trabajar con esos periodistas porque ellos siguen todavía en conflicto. Es diferente el país, nosotros no hemos tenido bombazos como los de Pablo Escobar pero el nivel de crueldad y violencia se parece al que se ha vivido aquí.

¿De que se trata el programa “Periodistas de a pie”, organización de la que usted es una de sus fundadoras?

Somos una organización que fue conformada por varias periodistas mujeres. Nuestra primera idea era organizarnos para sacar información, para aprender juntas y ganar espacios en nuestros medios escribiendo mejor. Pero a partir de 2008, cuando la violencia era inminente y se empezó a ver por todos lados, decidimos organizar talleres para aprender a cubrir esa violencia. Nos propusimos darle un papel importante a las víctimas y poco a poco empezaron a llegar periodistas silenciados de las regiones y con ellos hubo todo un cambio porque además de capacitar, de hacer actos simbólicos para acompañarlos y que no los silenciaran, tratamos de hacer cosas para solidarizarnos con ellos: una subasta por los periodistas desplazados, otra por la familia de un periodista asesinado… También estamos creando redes y fortaleciendo colectivos de periodistas que se están organizando para resistir. Damos cursos de autocuidado emocional, de seguridad digital, de investigación. Queremos hacer una red de periodistas de varios estados para protegernos, pero también para sacar información y poder investigar juntos. El mensaje es sacudirnos, no dejar que nos impongan el no y hacer lo que se pueda hacer para devolverle la dignidad al oficio.

¿Qué piensa el ciudadano común y corriente en su país sobre la guerra surgida por el narcotráfico? ¿Hay personas que no se sienten tocadas por ella?

Igual, yo creo que es muy parecido. Hay regiones donde piensan que lo que ocurre es cosa de otro planeta. También gente a la que le está pasando pero está muy blindada y no quiere darse cuenta. Hay lugares donde la gente tiene un poco más de conciencia, donde lo han vivido más profundamente y la gente quiere el retorno de la paz. Es diferente según la región. En el DF parece que vivimos en una burbuja, esto no nos toca, por eso es más importante seguir contando lo que está ocurriendo y también darle voz a las víctimas, que son las que nos marcan y nos señalan lo que está pasando.

¿Cómo darle voz a las víctimas sin revictimizarlas?

Eso es lo principal. Primero con la dignidad que tienen, escuchándolas, tomando su testimonio, pero poco a poco hay que hacer un trabajo para que se vea que esto es un fenómeno social, no un caso aislado o una historia peregrina de alguien por ahí. Que lo que le pasa a una mujer le pasa a muchas mujeres. Hay que cuidarlas para que no las vuelvan a revictimizar con nuestra entrevista, para que no las vuelvan a golpear. Y hay que mostrar también a las víctimas cuando están organizándose, cuando están resistiendo, no presentarlas todo el tiempo llorando, como sino tuvieran derechos. Se están capacitando y muchas de ellas se han convertido en defensoras de derechos humanos, crean grupos, están movilizando a la sociedad, le están dando una lección de dignidad y eso también hay que mostrarlo.

¿Usted ha acuñado un concepto denominado “Periodismo de esperanza” ¿de qué se trata?

Eso fue hace algunos años. Lo que quería cuando empecé a viajar era ver cómo hacer periodismo para no causar un efecto paralizante, sino que con la información la gente pudiera movilizarse y tratar de cambiar las cosas. La mayoría de las veces las noticias son trágicas y la gente se siente abrumada. Don Javier Darío (Restrepo) le dice “Periodismo de posibilidad” y me gusta más ese término porque la esperanza quizá ya está muy gastada. Es un periodismo que además de poner la tragedia rescata a los que están haciendo algo para cambiar las cosas, pone espejos para mostrar que hay posibilidades; mostrar que la historia no se acaba ahí, que lo que vemos no es lo único que hay para que la gente sienta que no el fin de la historia y que ya no hay nada que hacer. Hay que mostrar las causas, muchas veces en las causas están también las soluciones.

¿Qué tipo de periodismo de investigación se está haciendo ahora en Latinoamérica? ¿Cuáles son las fortalezas y cuáles los vacíos?

Creo que es muy diferente en cada lugar, no soy experta en el tema pues hace mucho que no viajo. A mí lo que me da esperanza son las unidades de investigación o las redacciones digitales que se han creado por gente valiente, independiente, ética, que ya no cabía en los medios tradicionales. Cada uno le ha dado su sello, su toque a su labor. Me gusta mucho ver porque siento que el periodismo se está asfixiando dentro de las redacciones. Siento que ya son pocos los casos en las redacciones donde puedes decir que la información te toca como ciudadano. En cambio en estos medios están tratando de hacer otras cosas, son muy creativos, algunos se dedican más a la investigación, otros a las historias o a las historias con investigación. Se van abriendo paso y es muy interesante, es muy buena señal.

¿Cree que hay temas en los que a los periodistas les falta poner el foco?

Yo creo que hay que poner el foco en la gente de la calle, en lo que le pasa. Tú puedes hacer una gran investigación desde lo que sea, desde el poderoso, de lo que dijo, pero falta aterrizarlo al ciudadano común, que el ciudadano sepa por qué le tiene que interesar esta nota, qué de lo que dice tiene que ver con él. Las noticias parecen como una cosa aislada, no terminan de aterrizar en el ciudadano. Falta contrastarlas con los ciudadanos, falta calle, falta una reacción más rápida.

¿Es posible que los reporteros sean neutrales en el cubrimiento de una guerra como la que padece México con el narcotráfico o la que ha vivido Colombia en las últimas tres décadas?

Yo creo que el periodista no es neutral. Nunca. Hay valores que hay que defender, como el de la vida, como la libertad de expresión. No creo que debamos ser testigos indiferentes. Uno como periodista tiene un punto de vista y se sitúa desde ahí a reportear con ese punto de vista. Hay valores universales que no podemos quitarnos de la cabeza. ¿Cómo cubrir un tema de explotación sexual infantil y no estar a favor de que no exploten a los niños? Hay ciertas cosas que son de humanos y son importantes. Yo sí creo que nos tenemos que situar en favor de la vida.

Las denuncias que usted ha hecho le han costado varias amenazas, ¿cómo hace para sobrellevar este tipo de presiones?

No, tampoco es así. No soy una periodista que viva amenazada. Hay compañeros míos que llevan escoltas y viajan en carros privados. No me ha tocado a ese nivel, y cuando me ha tocado ha sido por estar en un terreno donde no debía estar y hay advertencias… Yo admiro a los reporteros que se la están jugando día a día sobre el terreno, esos son los verdaderos héroes que deberían ser conocidos y premiados.

¿Qué pensó cuando recibió la noticia del reconocimiento de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano con el Premio a la Excelencia Periodística?

Me asusté, porque los premios necesitan un rostro y yo soy un rostro pero para un premio así se necesita tener un trabajo en equipo. Claro que hay alguien que quizás encabece y que dé las ideas, pero yo no lo veo sin un equipo, lo veo como un premio para un colectivo. Incluso quiero pensar que es un premio para los periodistas que se sacuden del amodorramiento de sus redacciones y que quieren salvar el periodismo, que quieren que sus redacciones no estén secuestradas o que por lo menos quieren hacer algo para que el público tenga buena información. Me siento muy honrada y como una hormiga ante don Javier. Claro, él es mi maestro.