Luego de haber entregado sus armas, las Farc se constituyeron en partido político. En medio de un país polarizado y con altos niveles de corrupción, esta nueva fuerza política deberá enfrentar enormes retos hacia el futuro. 

Por Rafael Alonso Mayo

A un lado del emblemático Palacio de Justicia de Colombia, el mismo que alguna vez fue escenario de una cruenta toma guerrillera del M19, se ubicó la tarima por donde pasaron una docena de artistas convocados para el evento que marcó el nacimiento de un nuevo partido político. Era la noche del viernes 1 de septiembre y la Plaza de Bolívar de Bogotá permanecía atiborrada de personas, unas diez mil, que bailaban y gritaban al ritmo de la música. 

El concierto cerraba el congreso fundacional de las Farc, que pasaban de ser un grupo guerrillero, al margen de la ley, a convertirse en un partido político bajo las banderas de la democracia, luego de la firma del acuerdo de paz alcanzado entre esa guerrilla y el Gobierno de Colombia, en noviembre del 2016. Así se daba un paso más en el complejo proceso de implementación que se ha venido desarrollando desde finales del año anterior. 

La jornada llegaba a su fin, pero aún faltaba escuchar el discurso de Rodrigo Londoño Echeverri, su antiguo comandante, conocido al interior de sus filas con los alias de “Timochenko” o “Timoleón”. La multitud ondeaba banderas de Cuba, de la antigua Unión Soviética, de Colombia y otras con la imagen del Che Guevara. Algunos portaban, con orgullo, la bandera con la imagen del nuevo partido político: una rosa roja con una estrella del mismo color en el centro y el nombre impreso de las Farc en letras verdes. El nuevo símbolo de la naciente organización, que no ha dejado de causar polémica desde el mismo día en que se conoció.

Tras la presentación de los artistas y la aclamación de un grupo de jóvenes que en la tarima vitoreaba el nombre del ahora presidente del nuevo partido, apareció sonriente “Timoleón” en el escenario. Vestía boina gris, camisa blanca, saco color crema y portaba en sus manos una copia del acuerdo de paz que, segundos después, entregó a una chica en representación de los jóvenes. Luego, en un discurso de casi media hora, reflexionó sobre el papel de la nueva organización, el modelo de país que aspiran construir y los principales acuerdos hechos durante el congreso denominado “Por un gobierno de transición para la reconciliación y la paz”.

El congreso

Durante una semana, entre el 26 de agosto y el 1 de septiembre, más de 1.200 delegados de esa organización se reunieron en Bogotá para discutir los elementos esenciales de su nuevo partido político, con el que irán a las urnas en las elecciones legislativas que tendrán lugar en el país en marzo del 2018. 

A la jornada estaban invitados los líderes de otros partidos y los candidatos que ya empiezan a perfilarse para las elecciones presidenciales del 2018. “Hemos abierto la puerta para que cada uno dé su visión sobre la paz del país. Nuestra apuesta es por ampliar la democracia y estamos abiertos a escuchar la pluralidad de voces”, dijo en la apertura Pablo Catatumbo, miembro del Secretariado de las Farc. 

Sin embargo, ninguno de ellos quiso participar en un evento que fue visto con apatía por los opositores al acuerdo, quienes han demostrado abiertamente su rechazo a las concesiones que el Gobierno le ha ofrecido a los miembros de esa organización. Uno de los pocos personajes que aceptó la invitación fue el expresidente Ernesto Samper, quien concentró la atención de los asistentes en algunos puntos claves que el naciente partido debería tener en cuenta para triunfar en la arena política.

“Una de las principales responsabilidades de este nuevo partido va a ser la de liderar la conformación de un gran bloque progresista por la paz, en el cual quepan todo tipo de personas que estén comprometidas con los acuerdos de La Habana”, señaló al auditorio. 

Mencionó, uno a uno, los puntos más importantes que condensan los acuerdos y que, según él, deberían ser los pilares de las nuevas Farc: el problema de la tierra, uno de los factores que desencadenó un largo y sangriento conflicto armado que duró más de cinco décadas; el tema de los cultivos ilícitos en el contexto de una lucha que en su análisis ha sido un fracaso; el papel de las víctimas como centro del acuerdo de paz; la participación política en un escenario de desconfianza y donde la corrupción hace agua a las instituciones.

Antes de terminar su intervención, recomendó al nuevo partido pensar en los 25 millones de jóvenes que tiene el país. “Son ellos los que están esperando que de este partido salgan cosas distintas, cosas nuevas, no trasnochadas, que no terminen ustedes metiéndose en los mismos vicios de los viejos partidos”, advirtió. Ellos esperan, continuó, que les hablen sobre cómo detener el calentamiento global o sobre cómo generar más empleos y mejorar la educación pública. 

“Saquen un partido que sepa a realidad, miren hacia el futuro”, sentenció. 

Las palabras de “Timoleón”

Rodrigo Londoño permanecía sonriente en el escenario, aunque se notaba incómodo ante la apabullante aglomeración. Luego tomó el micrófono y le habló a los miles de asistentes que en la noche del 1 de septiembre permanecían en la Plaza de Bolívar, en  espera de su aparición. 

“Proponemos a Colombia poner fin a la amarga realidad y lo hacemos presentando al país y al mundo nuestro partido político”, dijo antes de finalizar el concierto de clausura. Y continuó: “En una demostración más de nuestro compromiso con la paz, la democracia y la justicia social para Colombia, dejamos las armas para construir política por las vías legales”.

Habló también sobre el interés de su partido porque todos los ciudadanos tengan acceso a educación y salud de calidad. De la necesidad de una vivienda y un trabajo digno para todos los ciudadanos. Del reconocimiento de los derechos de las mujeres frente a las oportunidades que han privilegiado a los hombres. Del respeto por la diversidad de género y de la importancia de la niñez y la generación de mayores oportunidades.

“Ese país dejará de ser un sueño cuando millones de colombianos nos empeñemos en hacerlo posible”, mencionó casi al final de su intervención. Los asistentes no pararon de aplaudir. 

Ahora, según se acordó al interior del congreso, las Fuerzas Revolucionarias de Colombia —Farc—, pasan a llamarse Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, conservando la sigla que los identificó como combatientes desde su creación, en 1964.  Allí también se decidió que la dirección general del partido estaría compuesta por 111 integrantes, con representación femenina y de minorías étnicas. Ellos serán los encargados de designar a los diez representantes de su partido en el Congreso, cinco al Senado y cinco a la Cámara, tal y como acordaron durante el proceso de paz con el Gobierno. También tendrán la responsabilidad de construir el plan de trabajo que seguirá el partido en los próximos meses.

Las polémicas

El congreso en el que las Farc sentaron las bases para constituir su partido político no pasó desapercibido para la opinión pública y para los mismos analistas. Para Ariel Ávila, director de la Fundación Paz y Reconciliación, el congreso transcurrió dentro de lo normal, entendiendo que éste era el siguiente paso que debía darse luego de que esa guerrilla entregara las armas. “Está claro que después de dejar las armas las Farc tienen derecho a participar en política o a comenzar ese proceso, y el primer paso era crear el nuevo partido político”, añade. 

En este análisis coincide Adrián Restrepo Parra, investigador y profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Restrepo Parra considera que la creación del nuevo partido de las Farc es importante en la medida en que se avanza en la implementación de lo acordado en La Habana, principalmente en el tema de participación política. “Que se haya hecho oficial el partido de las Farc reafirma que se avanza en uno de los puntos del acuerdo de paz y esto genera satisfacción”, complementa. A eso añade que la opinión pública observará con mucha expectativa el papel de las Farc en la vida democrática del país como un partido político sin armas y las estrategias que desarrollará el Gobierno para garantizar su seguridad, cuando distintos sectores de la sociedad denuncian una estrategia sistemática para acabar con la vida de líderes sociales y de personas cercanas a esta organización. 

Lo que no ha caído muy bien en distintos sectores es la permanencia del nombre de ese grupo guerrillero en su nueva faceta como partido político, que fue defendido al interior de la organización porque representa la continuación de muchos de sus ideales. 

“Puede ser que para algunos la sigla arrastre una carga negativa, pero también representa nuestro acumulado histórico, nuestro pasado revolucionario que no se va a desdibujar”, justificó Iván Márquez, quien se desempeñó como jefe negociador de las Farc durante el proceso de paz. 

Varios analistas creen lo contrario, al considerar que a nivel comunicacional y de imagen esta transición genera muchas inquietudes en la opinión pública. 

“Me parece que se comete un gran error”, advierte el analista político y de marketing, Miguel Jaramillo Luján. “La historia le está dando una oportunidad de oro a un movimiento antes insurgente, que ahora se ha desmovilizado en un momento de crisis para los partidos, para los políticos y para el sistema, y aparece una posibilidad para que las Farc se desmarquen de un pasado que ha sido doloroso, que ha generado muchas víctimas, mucha sangre y donde las encuestas y la mala reputación que tienen en la opinión pública no los deja muy bien ubicados”.

Para Adrián Restrepo Parra la dificultad fundamental radica en cómo empezar a explicarle al ciudadano de a pie que ellos siguen siendo las Farc pero no las mismas Farc de antes. “Yo creo que es un reto bastante alto que se pusieron y creo que va a tener un costo político bastante fuerte, porque eso de entrada les va a cerrar muchas puertas y a los ciudadanos del común les va a costar abrir los oídos para poder escuchar una propuesta de país que vaya más allá del nombre”, explica.

A eso se añade el nombre de “Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común”, que en términos de experiencia de marca, según Miguel Jaramillo Luján, es excesivamente largo. “Cuando uno gesta una marca busca que en el desarrollo básico se pueda reducir a un concepto que sea fácilmente identificable para el ojo humano. Por ejemplo, nosotros no hablamos del Partido Liberal Colombiano sino del “liberalismo”, no hablamos del Partido Conservador Colombiano sino de “los conservadores”. 

Sin duda, la estrategia política del nombre fue mala, coincide también el director de la Fundación Paz y Reconciliación. Sin embargo, aclara, “era totalmente esperable en una guerrilla con 53 años de historia, donde los guerrilleros aprendieron a leer y donde, por tanto, se mantienen este tipo de radicalismos”. El debate seguirá abierto durante mucho tiempo y como advierten algunos analistas, muchos opositores continuarán enarbolando el tema para seguir desprestigiando el proceso de paz y el naciente partido. 

Por otra parte, el logo de la rosa roja con la estrella de cinco puntas en el centro, tampoco fue bien visto por muchos debido a su similitud que tiene con la antigua imagen del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), o al del Partido Socialdemócrata de Andorra (PSA). Algunos lo consideran como una copia evidente y ya analizan posibles demandas. Ante las críticas Andrés París, otro de los jefes negociadores de las Farc, quiso cerrar de una vez la discusión: “A nosotros nos van a dar palo porque sí y palo porque no. Lo importante es tener la certeza de que tomamos las decisiones correctas”.

La estrategia

El camino no pinta fácil para una organización que quiere dejar atrás su mala imagen y su papel como actor clave del conflicto armado que ha vivido el país recientemente. Sin embargo, deberá aprovechar esta oportunidad para ganarse la confianza y el corazón de muchos de sus electores en regiones donde su imagen es ampliamente desfavorable, como las grandes ciudades. ¿Es esto posible? ¿Cómo lograrlo para poder consolidarse como una fuerza poderosa en un contexto político desprestigiado por la corrupción y la falta de institucionalidad?

Al momento de llegar con su propuesta política a ciudades como Bogotá y Medellín, las Farc tendrán que tener en cuenta a un nicho importante que es el de los jóvenes, considera Adrián Restrepo Parra, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Eso, asegura Restrepo, debe cruzarse con temas como el de la corrupción y la necesidad de elegir una nueva fuerza política que enfrente este problema. Otro elemento para llegar a las ciudades, argumenta el investigador, sería apostar por los sectores populares y marginales, lo que tradicionalmente ha sido parte de su bandera política. “Por ejemplo, en el caso de Medellín, con el tema de los servicios públicos domiciliarios”. Para eso será clave el uso de las emisoras comunitarias a las que tendrán derecho según el acuerdo firmado en La Habana. 

En palabras de Ariel Ávila, director de la Fundación Paz y Reconciliación, llegarle a los jóvenes implicaría por parte de las Farc mover su discurso para hablarle a las nuevas generaciones críticas y progresistas. “Eso significa debatir los temas ambientales, de minorías sexuales, discutir los asuntos de equidad dentro de un modelo liberal, las nuevas ciudadanías, los nuevos grupos juveniles; significa comenzar a hablarle a ese público sobre la corrupción, la profundización de la democracia”. 

Las posibilidades son amplias, pero dependerá de la apertura y la flexibilidad de las Farc para capitalizar las oportunidades en un contexto nacional, a puertas de unas elecciones legislativas donde ellos también se harán contar en las urnas. 

Otro asunto que despierta interés será el de las posibles alianzas que pueda hacer las Farc con los demás partidos políticos en su puja por el poder. Esto teniendo en cuenta la polarización que existe en el país cuando del proceso de paz se habla. Sobre este tema Adrián Restrepo Parra piensa que las alianzas son necesarias en el juego político si se trata de aspirar al poder. Sin embargo, señala, quizas habrá que esperar hasta la primera o segunda vuelta presidencial, luego de que las Farc se hagan contar en las elecciones legislativas. 

“Antes no creo que se la jueguen, y no tanto porque las Farc no estén interesados sino del otro lado, porque hay un cálculo de los partidos políticos de cuánto les puede costar, en términos electorales, ponerse de acuerdo con las Farc. Los partidos políticos ahora temen que la foto con las Farc les salga muy costosa”, explica.  

La pregunta entonces no es si las Farc se alían con algún partido político, reflexiona Ariel Dávila. “La pregunta es si alguien se alía con las Farc y creo que no, creo que todos los partidos calculan que hoy se pierde más votos de los que se ganan alineándose con las Farc”. 

Así las cosas, el reto parece mayúsculo para una guerrilla que espera dar un paso exitoso en un terreno pedregoso en el que ellos no están acostumbrados a moverse. Sin embargo, saben que aunque el reto es difícil, están dispuestos a asumirlo siempre  cuando se les brinde todas las garantías para el ejercicio político. Así lo dejó claro Rodrigo Londoño durante el discurso de clausura del congreso: 

“La obra no será fácil e inmediata, tenemos perfectamente claro que seremos blanco de los más sucios ataques, no lo dudamos. Quién mejor que nosotros para saber que la perseverancia puede vencerlo todo. Habrá que ir por etapas, no se puede comenzar a construir una pirámide por su vértice”.

*Una versión corta de este texto fue publicada por el Semanario Brecha, de Montevideo.