Este es tal vez el mejor ejemplo para describir el trabajo que la Revista Sole se ha empeñado en hacer desde hace cuatro años: contar historias de hombres anónimos, comunes y corrientes por los que la gran prensa muestra poco interés.
 
 
En septiembre de 1932 once obreros de construcción fueron fotografiados por un reportero anónimo mientras departían al borde de un precipicio, a más de 250 metros de altura del emblemático edificio Rockefeller Center, de Nueva York.
 
En aquellos días era común que los reporteros de prensa registraran en sus pesadas máquinas fotográficas las hazañas que aquellos hombres, en su mayoría inmigrantes, realizaban para preservar su vida mientras trabajaban en la construcción de los enormes rascacielos que simbolizaban el poder de una ciudad venida a menos con la crisis económica de los años treinta.
 
La mayoría de esos obreros eran inmigrantes de origen irlandés que no tenían más opción que arriesgar sus vidas por unos diez dólares al día en un peligroso oficio y en un país donde las cifras de desempleo alcanzaban casi el 30 por ciento.
 
La fotografía fue publicada el 2 de octubre del mismo año en el suplemento dominical del New York Herald-Tribune, y poco a poco se fue convirtiendo en un símbolo de una ciudad que, pese a la adversidad, continuaba expandiéndose hacia el cielo.
 
Poco se sabía de aquellos once hombres que aparecían muy sonrientes ante la cámara mientras permanecían sentados en una viga con el paisaje de Manhattan y el Central Park de fondo. Importaba más el significado de la foto que la identidad de esos anónimos hombres que posaban como héroes, aunque son miles las personas que aseguran ver allí a algún pariente suyo.
 
Hace poco más de dos años los hermanos Eamonn y Sean O’Cualain, también de origen irlandés, se empeñaron en buscar las identidades de estos personajes que aparecían en la emblemática foto. Con cámara en mano visitaron los archivos del Rockefeller, consultaron periódicos e indagaron por el significado popular de la imagen, tratando de encontrar pistas que los llevaran a identificar a sus personajes. Con la pericia de buenos reporteros lograron llegar hasta un pueblito irlandés llamado Shanaglish, donde sus habitantes estaban convencidos de que dos de los hombres habían salido de allí.
 
Luego de conversar con varios de sus habitantes lograron ubicar a uno de los hijos de Sonny Glinn y de Matty O´Shaughnessy, dos de los obreros que aparecen en ambas esquinas de la foto. Conversando con sus familiares lograron saber el lugar exacto donde vivían, sus motivos personales para salir a buscar fortuna en Estados Unidos y la suerte que corrieron al instalarse en la Gran Manzana. Supieron que ambos habían inmigrado a América en 1920, que Sonny había muerto en Nueva York en 1953 y que Matty había fallecido en el mismo pueblo en 1978. Las fotos de sus documentos, conservados cuidadosamente por sus familiares, acabaron con la especulación y confirmaron que en realidad ellos eran dos de los protagonistas de la emblemática fotografía.
 
Los hermanos Eamonn y Sean O’Cualain quisieron ir más allá de la información que se conocía 80 años después de haber sido tomada la fotografía, hasta encontrar la identidad de dos de los obreros. No pretendían desenmascarar a un político corrupto o a una banda de criminales, simplemente querían conocer los nombres de aquellos hombres anónimos que nadie había identificado hasta entonces. Este es tal vez el mejor ejemplo para describir el trabajo que la Revista Sole se ha empeñado en hacer desde hace cuatro años: contar historias de hombres anónimos, comunes y corrientes por los que la gran prensa muestra poco interés; contar historias que sorprendan, que conmuevan y que den voz a esas personas, lugares, hechos y situaciones que, aunque sean cotidianos y locales, sorprendan por su vitalidad, por su interés periodístico y por su posibilidad de transmitir experiencias.
 
Ese fue el objetivo trazado antes de lanzar el proyecto de Revista Sole, el 3 de diciembre de 2010, y es el interés que nos sigue convocando cuatro años después, pese a los obstáculos y las dificultades normales que representa tener un proyecto digital de periodismo narrativo. Esperamos seguir contando con ustedes, amigos lectores, en este reto que nosotros asumimos con profunda pasión y responsabilidad.
 


¡Salud!