En septiembre de 2013 se conmemoraron 40 años del golpe militar en Chile y, como cada año, parte de la prensa chilena se concentró en hablar de la violencia en algunos sectores. Esta crónica centra su atención en  el otro lado de las conmemoraciones: el de las madres de hijos desaparecidos y en los jóvenes que salieron a manifestarse de forma pacífica y fueron reprimidos. 

 

Once de septiembre de 2013: cuarenta años del golpe militar en Chile. El día en que el país se partió en dos. Camino por Santiago mientras el sol rebota contra el pavimento: es pasado el mediodía. Cerca de Metro Los Héroes veo a un grupo de universitarios manifestándose afuera de una comisaría.

 

—¿Qué está pasando acá? —le pregunto a un tipo que porta una credencial que dice “Julio Castillo. Defensor de los derechos humanos”.

 

—En este momento hay 19 detenidos por las fuerzas especiales. Cayeron 11 muchachos de la Universidad Diego Portales en Metro Los Héroes y cuatro de la Universidad de Chile. Los chicos estaban manifestándose pacíficamente y fueron reprimidos y detenidos por los pacos [policías]. Tres de ellos están lesionados.

 

—¿Y qué fue lo que ocurrió?

 

—Estábamos realizando una intervención que se trataba de un corta-calle: durante algunos minutos un grupo de compañeros, con las manos en la nunca, se tiraba al suelo. Paralelo se daba un discurso junto a un lienzo que decía “A cuarenta años del Golpe, seguimos de pie” —responde Juan Ignacio Paredes, veinte años, estudiante de Ingeniería Civil, Universidad Diego Portales.

 

Y agrega: —Íbamos calle a calle. Comenzamos en Los Héroes con Alameda. La idea era llega hasta La Moneda. Cuando veníamos de vuelta a nuestra facultad, que queda en Ejército, llegaron los pacos con carros lanza aguas. Nuestra manifestación no era violenta y por tal no ameritaba este tipo de represión. Nos retiramos, pero los compañeros que tenían el lienzo demoraron, entonces son ellos quienes están adentro detenidos. Son once en total. Nueve son mujeres.

 

 

—Esto no se va a calmar hasta que haya verdad y castigo —interrumpe Julio Castillo: el tipo con la credencial de DDHH—. A que los verdaderos culpables sean enjuiciados de una vez por todas. Situación que no va a ocurrir, ya que la Ley de Amnistía los favorece.

 

Julio tenía 21 años cuando Pinochet bombardeó La Moneda.

 

Agrega: —Mi labor es que Carabineros [el departamento de policías] cumpla con los protocolos: que no se les pase la mano, que los chicos no sean agredidos. La función es constatar esto y hacer denuncia si se amerita. Ahora denunciaremos a tres carabineros que atentaron con golpes contra estos chicos.

 

—¿Por qué, según usted, Fuerzas Armadas reprime con esta inclemencia a los jóvenes que quieren manifestarse?

 

—Esto se debe a que se está implementando la llamada Ley Hinzpeter, y esta prohíbe todo tipo de manifestación pública. Que los chicos se manifiesten ya es un delito. Por lo que, amparados por esta ley, Carabineros puede actuar contra ellos.

 

Julio se refiere a la “ley antiencapuchados”, que “fortalece el resguardo del orden público”. La Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto, sin embargo la oposición al gobierno de Piñera rechazó un artículo sobre la agravante para quienes estén encapuchados.

 

Sobre el proyecto, Lily Pérez, vocera de Evelyn Matthei [que por ese entonces era candidata a presidenta], señaló:"Chile tiene dos necesidades urgentes que Evelyn Matthei ha planteado con mucha fuerza: se requiere leyes aplicadas con rigurosidad. Mano dura contra quienes sacan adelante la violencia política, y necesitamos contar con leyes que sancionen y dejen a un margen a quienes actúen de manera encapuchada […] Quiero ser fuerte y clara: no hemos podido sacar la ley por responsabilidad absoluta de parlamentarios de la Concertación [coalición de partidos demócratas]. El mensaje de nuestra candidata es leyes muy duras contra la violencia política, leyes que amparen y protejan a la policía, particularmente a Carabineros."

 

—¿Cómo fue el modo de operar por parte de Carabineros?

 

—Cuando llegaron, la manifestación fue violenta por parte de Carabineros —responde Dago, 23 años, estudiante de psicología.

 

Y agrega: —Los carros lanza-aguas ni siquiera nos hicieron una advertencia mediante el altavoz... Nos tiraron el chorro y luego agarraron a los que pillaron y los golpearon hasta subirlos a la cuca [furgón].

 

—¿En qué consistían, exactamente, las actividades que estaban realizando?

 

—Antes, en nuestra facultad, se suspendieron las clases; entonces para iniciar las actividades de este día, pusimos los parlantes hacia las calles y transmitimos el discurso de Allende. Al frente de nuestra facultad tenemos al cantón de reclutamiento de los milicos, entonces hicimos dos lienzos. El primero, que colocamos frente a ellos, decía “Milico, amigo, tienes que defender a tu pueblo o ser el asesino”. Los milicos se asustaron, se escondieron detrás de las rejas, y miraban a través de ellas o por las torres de vigilancia. Se acuartelaron dentro del recinto.

 

Dago hace una pausa. Julio le comenta algo. Algo sobre el estado de salud de sus compañeros. Luego dice:

 

—El otro lienzo, ‘A 40 años del golpe, seguimos en pie’, lo pusimos en el patio de la facultad, mientras hacíamos un almuerzo folclórico con canciones de Violeta Parra y Víctor Jara. Después fuimos a realizar la intervención: partimos en metro Los Héroes, donde hay un memorial de los detenidos desaparecidos, y ahí colgamos el lienzo y cantamos algunas canciones. Los autos nos tocaban las bocinas y la gente se detenía para apoyarnos. Era lo que queríamos transmitir: conmemorar la memoria de los que cayeron en dictadura.

 

***

 

Cae la noche y ésta asoma despejada. Estoy en Plaza Brasil: la zona donde cada 11 de septiembre, en frente del Galpón Víctor Jara, se encienden velas en homenaje a las víctimas de la dictadura de Pinochet. Converso con una chica que hace fotos. Luego observo a su amiga, que lleva una rosa en su mano izquierda, y que con la otra enciende las velas. Me acerco y la saludo. Después me pide que la ayude a encender el resto de las cerillas. Sus ojos parpadean bajo el halo de fuego. Me dice que se llama Catalina. Nos ponemos a conversar.

 

—¿Tienes familiares víctimas de la dictadura?

 

—Tengo un tío que fue perseguido durante la dictadura por el hecho de pertenecer a grupos folclóricos y partidos políticos. Él estuvo detenido en el Campo de Prisioneros Chacabuco durante dos años. Allí fue torturado junto a otros tres mil prisioneros.

 

Catalina, de 27 años, se refiere a un centro de concentración ubicado en instalaciones abandonadas de la antigua oficina salitrera Chacabuco, a cien kilómetros de la ciudad de Antofagasta. A ese lugar los presos políticos iban trasladados en trenes de carga y camiones militares. El improvisado calabozo era custodiado por un tanque y también por aviones de la Fuerza Aérea.

 

—Esta velatón es para homenajear a los que cayeron en dictadura —me dice mientras saca de los bolsillos una caja de fósforos—. Hoy día conmemoramos 40 años y se están haciendo homenajes en los puntos importantes del país, por ejemplo, acá, en el Galpón Víctor Jara.

 

—Colocamos velas en recuerdo de las víctimas de la dictadura —complementa Pilar, que se une a la conversación—. Las velas son una luz, lo que significa que nuestros muertos no están muertos sino que están vivos en nuestra memoria. Como hoy es un día emblemático, los recordamos de este modo. También lo hacemos para que la gente pueda estar consciente de lo que ocurrió. Si bien yo no tengo familiares directos, cualquier chileno que haya sido ejecutado o detenido desaparecido, es un compatriota y es mi hermano.           

 

Pilar tenía 11 años cuando Pinochet bombardeó La Moneda.

 

—A pesar de que Pinochet está muerto —agrega Pilar—, y que nunca pagó por sus crímenes, de algún modo sigue estando presente en el imaginario ya que él fue el principal responsable del genocidio que hubo en Chile. Aunque también hay otros responsables que hoy caminan entre nosotros, como Cristián Labbé que fue alcalde de la comuna de Providencia. Él es un torturador, un victimario. Y, peor todavía: no ha sido juzgado.

 

Pilar desliza una lágrima. Catalina la abraza y luego la vista de ambas se pierde al encandilarse con las velas. Una patrulla se instala en medio de la plaza y las luces rojas y azules lanzan destellos que interrumpen la tranquilidad. Se bajan dos Carabineros a recorrer e inspeccionar la zona donde se realiza la velatón.

 

Y Pilar dice, comprimiéndose: —Pienso que se ha hecho muy, pero muy, poca justicia. Los responsables no están cumpliendo condena en las cárceles. Hay muchos familiares que no saben dónde están los restos de sus seres queridos. Nosotros, como pueblo chileno, tenemos una deuda, por lo mismo seguiremos luchando para que se haga justicia.

 

El día en que se cumplen cuarenta años del golpe militar está por acabar. Me quedo en la plaza acompañando a Pilar y a los familiares de los detenidos desaparecidos. Las luces de las velas brillan más y más hasta parecer borrar las lágrimas de la mujer. No así su memoria. Ni, mucho menos, su sufrimiento.