Lee por placer, dobla el libro, subráyalo con lápiz, bolígrafo o resaltador. Utiliza un separador o dóblale las esquinas; incluso, de ser necesario, arráncale las hojas como hacía Newton.​

Por Duver Alexánder Pérez /Foto Festival Internacional de Escritores

 

Lee, lee mucho. Lee todo lo que se te atraviese: panfletos, menús de restaurantes, la guía televisiva, artículos de opinión, noticias de farándula, los resultados del béisbol y del fútbol. Lee la cuenta de servicios, así no pienses pagarla; lee los contratos que firmas; lee el reglamento de tu trabajo y el tablero de cumpleaños.

Lee la prensa; el New York Times, El Espectador y El Clarín. Lee revistas literarias; El Malpensante, Gatopardo y Arcadia. No dejes que los trinos del Mesías y las fotos de Instagram de las Kardashian te distraigan. Lee, relee y vuelve a leer. Por favor, no pares de hacerlo.

Lee a los escritores que marcaron su generación; estremece tu existencia con Beckett, Bukowski y Poe; decepciónate y vuelve a creer en la humanidad con Pizarnik, Benedetti, Eduardo Galeano y Ernesto Sábato y siéntete en una revolución poética con Gonzalo Arango, Eduardo Escobar y Elmo Valencia.

Lee, no pares de leer, así sea a Walter Riso, Paulo Coelho y todo ese cuento de la superación personal.

Lee por placer, dobla el libro, subráyalo con lápiz, bolígrafo o resaltador. Utiliza un separador o dóblale las esquinas; incluso, de ser necesario, arráncale las hojas como hacía Newton. Disfrútalo. Y si después de las primeras cincuenta o setenta páginas no te ha atrapado, tíralo, no es el momento para leerlo. Corre y consigue otro, pero por favor no pares de leer.

Después de leer, siéntate y escribe. Imita estilos o crea uno propio. Escribe lo que te pasa a diario, lo que te cuentan los demás o lo primero que se te venga a la cabeza. No importa si nadie te lee, o si te leerá tu madre, amigos o cientos de desconocidos; se escribe para uno, para explicarse el mundo a sí mismo y para tratar de comprenderlo.

No importa si lo haces en computador, en máquina de escribir, en un cuaderno o sobre papel higiénico. Escribe, escribe y escribe. No importa si no ves bien y escribes ojo con h, corrige y sigue escribiendo. Nadie nació siendo doctor, abogado o vendedor de chances. Todos aprendieron en el camino.

El Caminante dijo que ser escritor es vida y nadie le puede enseñar a nadie lo que es vivir; además añadió que escribir es pensar, repensar, repasar, recrear, analizar, sentir, desgarrarse, amar y odiar, imaginar y corregir, pero sobre todo vivir.

Honra las palabras al leerlas y al escribirlas, al sentirlas y darle sentido, vive y respira a través de ellas... Justifica tu existencia al leer y escribir.