Ustedes eligieron el sonido de la caída de monedas en lugar de una canción, prefirieron el aire acondicionado de la oficina en vez del viento que ofrecen los campos.

Por Duver Alexánder Pérez

Ustedes se dedican a acumular dinero, objetos y bienes, a hacer negocios y a sacar ventajas de ellos y, si es posible sacar ventaja de forma unilateral, mejor. Ustedes fueron criados y educados para ser hombres de negocios, para ser tipos serios, de saco y corbata, de zapatilla y portafolio, de camisa y peinado impecable.

Y al parecer, ustedes nacieron sin esa glándula llamada consciencia, esa que se encarga de no dejarlos dormir cuando hacen parte de algo frívolo, nefasto y repugnante. Esa misma glándula que nos hace entender al otro, que nos hace ver reflejados en el otro, que nos hace verlos como semejantes.

Ustedes contratan a cientos y cientos de empleados, personas que llegan a sus empresas con cara de alguien y con el pasar de las horas, días y meses laborales, empiezan a tener cara de algo. Gente, no personas, entes, cosas, individuos, sujetos…

Ya lo dijo el último poeta maldito: “La esclavitud nunca fue abolida, solo se extendió para incluir a todas las razas” y ustedes son consecuentes con ello, contratan a seres de toda clase, seres que dedican su existencia a servirles, adularles y seguirles y cuando ya no les sirven, los reemplazan como al computador, la impresora o la grapadora que dejó de funcionar.

Ustedes solo ven cifras. Ustedes tienen 9.346 empleados, de los cuales el 1.536, el 8.952 y el 4.781 son los que generan el 35 por ciento de ganancias, mientras que el 1.254, el 9.215 y el 0003 solo producen pérdidas para la compañía. Solo números, ingresos y devengos. Su preocupación por los empleados se refleja en si marcó a la hora acordada su ingreso, si llamó a los deudores morosos y si está buscando nuevas estrategias de ventas.

Ustedes se burlan del que abraza un árbol, del que lee y escribe poesía. Del que se preocupa por el clima, del que escucha a Silvio Rodríguez y del que cree en la revolución de las cosas pequeñas.

Números, ingresos y devengos, ganancias, pérdidas y gastos varios. Su visión está nublada por cifras y datos. Ustedes cambiaron sus pupilas y las reemplazaron por el signo pesos, dólar y euro. Ustedes eligieron el sonido de la caída de monedas en lugar de una canción, prefirieron el aire acondicionado de la oficina en vez del viento que ofrecen los campos.

Ustedes, ustedes y ustedes… cambiaron tiempo y vida por dinero y no los menciono más, porque yo soy su empleado número 6.666.