En Caracas muchas personas caminan con sus perros y esperan el momento en que a sus mascotas les toque evacuar para dejar la mierda ahí, bien regada, como acto de rebeldía que grita “Me cago en este país”.

Por Joey Rego

En Caracas no hay nada más cotidiano que pisar mierda. Cualquier calle, olvidada o no, está llena de pedazos de mierda de perro, de dueños que parecen castigar la ciudad al no recogerlos. Si hablamos de Caracas, nos preguntamos si todo lo que vemos en la ciudad está hecho a propósito. Como si la rabia y el cansancio se hubiesen juntado con las pocas posibilidades de quejarse en voz alta. Así que como no se sublima, se actúa. Las personas caminan con sus perros y esperan el momento en que a sus mascotas les toque evacuar para dejar la mierda ahí, bien regada, como acto de rebeldía que grita “Me cago en este país” y los demás la pisamos con contundencia solo para gritar “Este país está hecho mierda”.

Pero no en todos lados pisar mierda y quejarse es motivo de burla. En ciertas ciudades del mundo el tema es tomado con seriedad. Por ejemplo, en el municipio madrileño de Brunete hay una campaña llamada Caca Express.

Tengo dos pares de zapatos que ya están inservibles de tanto limpiarlos con cloro. Pienso que debo botarlos, luego pienso que debo enviarle un correo a la presidenta de la Junta de Vecinos, luego pienso que se reiría de mí, luego vuelvo a limpiar los zapatos.

Pero no en todos lados pisar mierda y quejarse es motivo de burla. En ciertas ciudades del mundo el tema es tomado con seriedad. Por ejemplo, en el municipio madrileño de Brunete hay una campaña llamada Caca Express, donde un grupo de personas vigila por horas algunas calles y después de ver a los ciudadanos que no recogen las deposiciones de sus perros, ellos lo hacen y la llevan a la puerta de sus casas. “No se olviden de recoger las heces de su perro… ¡o las recibirán a domicilio!” es el eslogan. En otros lugares recoger heces es inclusive premiado. Como es el caso de Nuevo Taipéi, Taiwán, donde en un intento de mantener las calles limpias, el condado logró que 4 mil personas recogieran 14 mil bolsas de excrementos,  premiando a cada uno con un billete de lotería. Con eso queda entendido por qué dicen que la mierda es suerte.

Aquí, en Venezuela, no te cambian la mierda por un Kino Táchira. De ser así, podríamos ver a miles de venezolanos, por primera vez, recogiendo sus propios desperdicios o quizás, a falta de mascota, defecando en una bolsa para retirar su Triple Gordo, hundidos en la tendencia del oportunista, la viveza criolla que en los años 50, Arturo Uslar Pietri comenzó a advertir con "El mal de la viveza".

Yo al menos una vez a la semana piso heces, o estoy cerca de hacerlo. Cuando sucede -no es el acto simple de pisar- mi pie generalmente patina y todo aquello queda extendido como chicle XXL, lo cual me podría llenar de suerte si medito al respecto. Por mucho tiempo, en diferentes pueblos del país, se pensaba que si pisabas excremento y lo arrastrabas hasta la puerta de tu casa, la suerte entraba al hogar. Pero llegar a casa embarrado en materia fecal no resultaría en sonrisas de mi familia.  Terminaría explicándole a mi madre cómo aquello es suerte entrante mientras ella me entrega el galón de cloro y la mala cara. Supongo que es normal no soportar el olor de la buena suerte ajena.  

Pero los pensamientos mágicos se contradicen, mientras pisar mierda es suerte, soñar con hacerlo es de mal augurio, representa vivir disputas familiares, dificultades de dinero o tener baja autoestima. No se puede vivir de sueños, ni tampoco de suerte. Así que para evitar todo esto, dos hermanas de Cataluña, Laia y Julia Pongiluppi, han desarrollado el Smart Shoe. El Museo De Ideas e Inventos de Barcelona, el MIBA, lo ha reconocido. Se trata de un zapato con un sistema relativamente sencillo: tiene dos cámaras y vibra para que la persona sepa que no tiene que pisar ahí.

No debe faltar mucho para que sea patentado, pero la dificultad para el venezolano se encuentra en dos puntos: el primero, que el caos económico llevaría los precios de este zapato a lo más alto del mercado, siendo imposible de comprar; el segundo, que el venezolano ha demostrado, en su mayoría, poco interés por evitar la mierda. Aceptamos la televisión mediocre, la música barata, el gato por liebre... Así que el excremento se queda donde se queda. 

Mi más reciente pisada de mierda fue visitando a una tía en Bello Campo. Antes de entrar a su edificio tuve que detenerme para limpiar mis zapatos, cuando vi a un adolescente que tiraba su basura en el suelo de la entrada del edificio contiguo. Apenas le pregunté al guardia de seguridad si no haría nada al respecto, me respondió — ¿Por qué no lo haces tú?

Otro perro se cagaba en mi ciudad y otro dueño no lo recogería.